UNA MUJER CON RUMBO CLARO
“Llamando luego a su marido, le dijo: Te ruego que envíes conmigo a alguno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al varón de Dios, y regrese.
Él dijo: ¿Para qué vas a verle hoy? No es nueva luna, ni día de reposo. Y ella respondió: Paz”
2 de Reyes 4: 22-23
Es inevitable que en nuestro paso por la tierra, se presenten situaciones en las cuales sentimos que no hay escapatoria, es más aún, experimentamos sensaciones de abandono, derrota y falta de soluciones; y en el afán de ponerle freno al sufrimiento, buscamos a como dé lugar alternativas de cambio o respuestas definitivas a nuestro favor.
Algo similar estaba viviendo una persona de la cual habla las Sagradas Escrituras, se trata de la mujer Sunamita, quien probablemente se halló en una situación de profunda tristeza y desilusión, tras la muerte de su pequeño hijo, quien fue la materialización de una promesa hecha por Eliseo (el varón de Dios), mientras este se hospedaba en la casa de ella.
Ante la situación tan lamentable que atravesaba, aquella mujer decide insistentemente hacer una sola cosa: buscar al varón de Dios (quien ya no se hallaba en su vivienda); fíjate que ella no pretende encontrar una respuesta yendo a lamentarse con su esposo, ni con sus siervos, tampoco llama a su mejor amiga, sino que acude sin titubear a Eliseo, aquel hombre al servicio de Dios, en el cual sabía que encontraría una solución a lo humanamente irremediable. Así lo declara el versículo que encabeza este devocional y que a continuación volveré a referenciar:
“Llamando luego a su marido, le dijo: Te ruego que envíes conmigo a alguno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al varón de Dios, y regrese.
Él dijo: ¿Para qué vas a verle hoy? No es nueva luna, ni día de reposo. Y ella respondió: Paz”
2 de Reyes 4: 22-23
No fue en vano que la mujer de Sunem priorizara por encima de cualquier persona, la presencia del varón de Dios para hallar una respuesta a su dolor, la historia concluye con que a través de un acto milagroso, a través de Eliseo, Dios le devuelve la vida al niño que había muerto.
“Y venido Eliseo a la casa, he aquí que el niño estaba muerto tendido sobre su cama. Entrando él entonces, cerró la puerta tras ambos, y oró a Jehová.
Después subió y se tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre él, y el cuerpo del niño entró en calor.
Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y otra parte, y después subió, y se tendió sobre él nuevamente, y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos. Entonces llamó él a Giezi, y le dijo: Llama a esta sunamita. Y él la llamó. Y entrando ella, él le dijo: Toma tu hijo”
2 Reyes 4: 32-36
Me atrevería a decir, que Eliseo tipifica la persona Gloriosa de nuestro Señor Jesucristo, comprendiendo que solo en ÉL están las respuestas que buscamos, Él es el Camino que debemos transitar, la Verdad en la que debemos creer y la Vida que debemos vivir.
¿A quién es la primera persona qué acudes en busca de una solución?
¿Qué vías de escape utilizas para disipar el dolor?
No busques más, Jesús es todo lo que necesitas.
Dios te bendiga.
Alejandra Bustamante.
Dios te bendiga.
Alejandra Bustamante.
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