DIOS ME LEVANTÓ DE LOS MUERTOS


Junio 16 de 2020


DIOS ME LEVANTÓ DE LOS MUERTOS


“Oren por Yuliana, está muy mal”, fue el mensaje de Don Pedro (su padre), a través de una llamada telefónica que recibió mi hermana; acudimos inmediatamente a la petición de este hombre angustiado por su amada hija, pero no dimensionamos la gravedad del asunto, sino hasta que nos contaron con exactitud el diagnóstico, los médicos decían: “no hay nada que hacer” pero Dios dijo: 

He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí? 

Jeremías 32:27 


A continuación, usted tendrá el privilegio de leer un escrito de la propia mano de aquella mujer de la cual los médicos afirmaron: “No hay nada que hacer”. Así que ponte cómoda y prepárate para ver la Gloria de Dios a través de este poderoso testimonio.



TESTIMONIO DE YULIANA CASTAÑEDA RAMÍREZ.

Yuliana Castañeda Ramírez

“Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar;
Sobre ti fijaré mis ojos.” 

Salmos 32 :8


Este es el versículo que define mi vida, Dios me lo regaló desde los 14 años, en medio de un encuentro personal con Él. En ese momento no entendí muy bien a qué hacía referencia el texto, pero hoy con solo leerlo, mi corazón se quebranta y hace que me llene de gratitud y amor, porque a lo largo de 16 años más, sí que lo he tenido que citar y meditar. 

No puedo decir que desde niña tenía un plan seguro acerca del área profesional en que iba a desempeñarme, había muchas profesiones que me llamaban la atención, pero no una definición exacta de hacia dónde dirigirme; lo único que tenía claro, era que contaba con una familia que me apoyaba, aunque no poseía los medios, pero Dios lo proporcionó todo y en el 2013 me gradué como contadora Pública. Sin embargo, en el ejercicio de mi profesión, exactamente en las prácticas universitarias sucedió algo inesperado para todos. 

Siempre soñé con trabajar en una gran empresa, y sobre todo hacer las prácticas en alguna organización importante, para empezar con un buen registro en mi hoja de vida. Todos mis colegas ya tenían este tema resuelto antes de graduarnos; y como solo Dios puede hacerlo, todo se dio y como quien tiene el mejor padrino, mi Padre Celestial me llevó a hacerlas en una Multinacional llamada Corona. Ninguno de mis compañeros entendía como lo había logrado, ni siquiera yo lo sabía, solo estaba segura de que era obra de Dios, entonces venía a mi mente aquel versículo. 

En el ejercicio de las prácticas, el 17 de enero de 2013, alrededor de las 7:00 pm sufrí un paro cardiorrespiratorio, pues desde mi niñez he sufrido de asma. 

Después de la jornada laboral, asistí por urgencias a una clínica, porque una semana antes, me había estado asfixiando constantemente y ya sentía dificultad para respirar, caminar y dormir. Al estar recibiendo atención en urgencias, cuando me iniciaron el tratamiento, entré en paro, convulsioné e hice relajación de esfínteres; ni mi acompañante, ni los médicos entendían que había sucedió. Hasta el momento en que me colocaron los medicamentos yo estuve consciente, en adelante no supe que pasó. 

Por todo lo anterior, se dieron cuenta que debía ser trasladada a una clínica de tercer nivel, porque donde estaba no contaban con los protocolos y equipos médicos para atender lo que me ocurría. 

Mientras encontraban una clínica que me recibiera, me trataban de reanimar y esperaban la llegada de la ambulancia, transcurrieron 20 minutos. Médicamente, se dice que, después de 5 minutos sin que una persona reciba oxígeno, en su cerebro, hay daños cerebrales irreversibles, la persona queda como un vegetal y es muy probable que ya no despierte. 

En ese entonces, mi mamá acababa de terminar sus quimioterapias, porque tuvo cáncer de ovario, a través de ese suceso Dios había tratado su vida de una forma tan fuerte, que su fe, era inquebrantable. Mis padres son cristianos y empezó ese desafío de fe y confianza en un Dios de lo imposible. 

Tengo una tía especialista en cuidado crítico y ella según su criterio basado en la ciencia, le repetía a mi familia que ya no había nada que hacer; realmente esto era lo que todos pensaban, una parte de mi familia, amigos, compañeros de trabajo, incluso la iglesia, pero Dios tenía un plan. 

Los días pasaban y el diagnóstico cada día era más desalentador porque no había mejoría por parte de mi cuerpo, hicieron una junta médica, y el intensivista encargado de mi caso, les dijo a mis padres: “No hay nada más que hacer, si ustedes creen en algo, aférrense a eso”. 

Comenzaron las cadenas de oración, de los amigos de mis papás, Ministerio pan de vida, que es donde ellos sirven, pastores de varias iglesias, mi familia inconversa, incluso, de personas donde trabajaba y no eran creyentes, pero que en algún momento tuvimos oportunidad de hablar de Dios y se aferraron a Él. 

Cercanos a la familia, les decían a mis padres, que Dios les había dicho: “Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Juan 11: 4 

Pasaron 8 días, en la UCI (unidad de cuidados intensivos), y al jueves siguiente desperté, tuve una sensación de mareo, como si me hubiera pegado muy duro en la cabeza, y me sentía entre dormida y despierta; la primera persona que vio cuando desperté, me empezó a hablar del presente y de estar tranquila, pero no entendía dónde estaba, ni por qué razón. 

Había expectativa por parte de todos, basados en el dictamen médico, por haber despertado querían saber cómo estaba mi cerebro. 

La habitación donde estaba, se llenó de médicos, enfermeras, auxiliares, porque no podían creer tal hecho, y que yo despertara reconociendo a las personas, con sed y con hambre. 

Había un tablero diagonal a la cama de la UCI, donde estaba anotado mi número de cédula, pero no estaba correcto, dentro de lo que podía, se lo hice saber a mi madre, y cuando ella se lo manifestó al médico, descartaron hacer cualquier examen neurológico, porque mi cerebro, por lo que todos temían, Dios lo había guardado y conservado intacto. Había mucha incertidumbre en el hecho de extubarme, e irme retirando los monitores y medicamentos, porque el episodio había sido muy fuerte, y los médicos aún dudaban de mi recuperación. 

La mañana del domingo, el intensivista que antes había retado la fe de mis padres, se acercó, me pidió perdón y me dijo “Esto no tiene explicación para la ciencia, mis colegas no lo creen, ES UN MILAGRO DE DIOS” 

Fui remitida a cuidados especiales, donde estuve 20 días, en ese momento, empezó lo más duro para mí. Físicamente mi cuerpo había sufrido grandes deterioros, no tenía voz, porque en medio de la entubación me reventaron la cuerda bucal izquierda, me luxaron la mandíbula, había bajado 10 kilos de peso, no podía caminar porque mi cuerpo lo habían relajado y mis músculos estaban muy débiles, no podía sostener la mirada en algo o permanecer con los ojos abiertos, porque por la fuerza para respirar, al momento del paro se me reventaron las venas de los ojos, no podía ir al baño, porque no podía separarme de los monitores de oxígeno y del corazón, no podía bañarme, no podía comer por mí misma, porque no tenía fuerza para sostener ningún objeto, no podía ingerir alimentos, porque la sal me lastimaba las heridas internas de la garganta, y contraje una bacteria en la UCI, de tipo dermatológico; había entrado en una condición de dependencia 100%. 

La primera mañana que me quedé sola, en cuidados especiales, me dejaron una aromática en el carrito del desayuno e inmediatamente me lo tiré encima quemándome todo el pecho, porque no resistí el peso del pocillo; en ese momento me quebré en llanto, dolor, desesperación porque me sentí vulnerable, sola y sentía que no iba a ser capaz de salir de ello. Comencé a preguntarme ¿Por qué a mí?, ¿Con qué propósito?, ¿Qué tendría que aprender?, ¿Por qué me sentía tan sola y lejos de la protección de Dios? A mi mente venía una y otra vez: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos.” Salmos 32 :8 

El propósito de Dios, no era solo con mi vida, no era solo marcarme con este suceso para recordarlo siempre que estuviera angustiada y pasando por una situación que me hiciera sentir temor o incluso cuando sintiera que había algo imposible, ya que me había levantado de los muertos y había guardado por completo mi cuerpo, sin dejar secuelas significativas. Tal como lo expresaron hermanos de la fe, este milagro era para que Él nombre de Dios fuera glorificado, para que muchas personas lo conocieran a través de ello, y su nombre fuera exaltado; en la clínica, en mi familia, con mis jefes, compañeros de trabajo, sus familias, e incluso directivos importantes. Dios abrió muchas puertas, y coloco tanta gracia en mí, que antes de terminar las practicas, solo con 3 meses de labores, me vincularon, y trabajé allí durante 6 años. 

Él es el Dios de lo imposible, es invencible, soberano y misericordioso, absolutamente todo está bajo su control, con este suceso pude experimentar su gran amor y cuidado para conmigo. Dios hizo milagros no solo en mi vida, si no en la de mi familia, ahora personas que no creían en Él, testifican de su poder, y de su grandeza; restauró la vida de mi hermano y nos unió más. 

Después de este suceso los médicos, me diagnosticaron con asma potencialmente fatal, pero yo cada día me siento mejor, había un estimado de recuperación de un año, y en tres meses ya estaba con terapias y cuidados, reincorporada en mi vida normal, porque solo Dios lo hace posible. 

Estoy segura que Él tiene el control por completo, y aunque sienta que voy por valle de sombras en las dificultades, Él es mi lámpara, Él es mi pastor, y siempre tiene cuidado, porque su amor por mí, y por ti, no tiene límites. 

Y puedo decirles, después de 7 años, siguen llegando pruebas, aflicciones, y situaciones difíciles, pero siempre que acudo a Él, creo en su poder, declaro su palabra en mi vida, y recuerdo que sus ojos y cuidado están sobre mí, todo es más llevadero. 

Siempre salgo victoriosa y miro al cielo dando gracias, porque sé que todo proviene de Él; te invito a que confíes, coloques todos tus planes en sus manos, en su voluntad y Él te enseñará y marcará el camino por donde debes andar. 

Hoy me encuentro en una ciudad lejos de mi familia, por un propósito laboral, pero estoy segura que, en este nuevo reto, Él tiene una enseñanza y un propósito, porque Él nunca llega tarde, nuestra vida no está dada al azar, Él tiene un propósito con cada uno de nosotros, y por eso entregó a su hijo en la cruz, para que tengamos esperanza y salvación, Él quiere que lo conozcamos, amemos, disfrutemos y honremos y eso lo vamos a lograr en comunión con Él y el Espíritu Santo. 

¡Espero que mi testimonio sea de edificación y bendición, Dios las bendiga! 


Yuliana Castañeda Ramírez.


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