Noviembre 13 de 2020
ABORTO INDUCIDO
“Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma”
Hebreos 10:39
Se define como aborto a la interrupción y finalización prematura del embarazo, sea de forma espontánea (involuntaria) o inducida (voluntaria), hecha antes que el feto pueda sobrevivir fuera del útero. En esta ocasión no voy a ahondar en este tema desde el punto de vista biológico, sino más bien, haré un comparativo a nivel espiritual.
Para brindar mayor claridad, es necesario recordar aquel pasaje de las Sagradas Escrituras en el que Jesús es abordado por un hombre llamado Nicodemo (religioso de la secta de los fariseos), quien le dice lo siguiente: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Y Jesús le responde de manera contundente: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.
Por los antecedentes de Nicodemo, se puede inferir que asistía fielmente a la sinagoga, oraba, ofrendaba con regularidad, hacía buenas obras y conocía las escrituras muy bien, sin embargo, buscó a Jesús. No sé sabe por qué exactamente fue donde el maestro, pero sin duda reconoció que éste tenía el poder de Dios en su vida, lo que tal vez le llevó a pensar que podía darle una nueva enseñanza que le ayudara a entender mejor las escrituras. Sin embargo, la respuesta de Jesús, da cuenta de la real necesidad de Nicodemo, él no requería una simple lección bíblica, le era menester nacer de nuevo si deseaba ver el reino de Dios.
Ahora bien, ¿qué significa nacer de nuevo? Por supuesto, Jesús no se refería a un renacimiento físico, sino a algo espiritual; es decir, pasar de la indiferencia u hostilidad hacia Dios, a la dependencia y amor genuino por ÉL.
Pero, ¿cómo sucede? Primero debemos reconocer nuestra condición actual, tal como Jesús le enseñó a Nicodemo, exhortándole a someterse a un cambio a nivel interno (el corazón), pues para ver el reino de Dios no importa que tan bueno se es externamente. Nos es necesario, entender que el pecado nos ha apartado de la Gloriosa presencia del Padre, para lo cual requerimos de manera urgente una regeneración a través de la obra redentora de Cristo, el poder de su palabra y una vida sometida al Espíritu Santo. Significa, que nacer de nuevo no es otra cosa que dejar de vivir bajo nuestras emociones, pensamientos y voluntad, para rendirnos al señorío de aquel que murió y resucitó para salvarnos.
Si como a Nicodemo, a usted y a mí ya nos predicaron este mensaje y en vez de nacer de nuevo, hacemos caso omiso, me veo en el deber de decirte estas duras palabras: “Nos estamos convertido en un aborto inducido a nivel espiritual”. Sí, así como lo lees, porque por la desobediencia y práctica deliberada del pecado, estamos ocasionando nuestra propia muerte eterna.
Dios te bendiga.
Alejandra Bustamante.
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